Memorias de Hortensia
La pequeña Hortensia demostró desde su más tierna infancia increíbles dotes para el canto.
Berreaba y berreaba sin descanso con tal potencia que un estudioso del "Bel Canto" vecino de sus padres les recomendó educarle la voz y comprar tapones de oídos para toda la comunidad.
Creció cantando anuncios y todo lo que se puede berrear en casa, estudiando los fundamentos clásicos en una carrera intensa y agotadora para sus profesores.
Con tanto solfeo, piano, canto, armonía y otras asignaturas, casi olvida el arte del berreo, cuando, en una noche lluviosa de Praga, escuchando en éxtasis el extraño canto de un animal desconocido, le hace olvidar tantos años de trabajo para reconocer como suyo el auténtico canto natural, ecológico y sin azúcar, el berreo de Canisio Culeras.
A partir de esa noche aciaga corea con entusiasmo eslóganes y proclamas que provocan y aturden a las masas obreras en los conciertos que su líder prolonga hasta quedar exhausto y sin aliento.
En definitiva: ¡Una gran pérdida para la ópera clásica pero una soprano redimida para el jevy-pop-jazz!
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