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Anselmo de Piñones

La Berrete Nicanor Pe

Por degeneración espontánea, de repente Viridiana emerge en el horizonte del pequeño Nicanor. Aragón tierra de percusión y demás estruendos marcan su ruidosa historia.
Nicanor: ¡toca el tambor!, le decían mofándose los lugareños, atormentado por el sin fin de cosas que suenan cuando se las sabe golpear.
Un día, harto, le echa valor y huye buscando nuevas sensaciones que los ruidos le incitan. Tras ser polizón, colarse en trenes y  hacer buenas caminatas, acaba donde las viandas se terminan.
Conoce gentes, hace amigos (el hambre agudiza el ingenio) y encuentra maestros del ruido, gentes de todos los colores y credos le enseñan que los golpes mezclados con ritmo dejan de ser golpes y pasan a ser música (para él lo era).
Tras tiempos difíciles donde el único ruido que oía era el de unas tripas que no cejaban de recordarle sus miserias, empeña los recuerdos en un lúgubre antro: sus raíces se quedaban en un sucio mostrador.
Consigue unos pocos talegos y  compra a un pobre hombre una batería de sus ancestros, por como estaba eso parecía. Tras recoger lo suficiente, decide regresar al viejo continente y así olvidarse de bichos, bichas y demás faunas.
Aparece en una gran plaza, al parecer era Praga. Empieza a colarse en clubes privados diciendo que era uno de los músicos de la orquesta (eso funciona). Conoce gente de la farándula en general, gentes de todo tipo venidos de todo el mundo.
Así conoce a un tal Canisio, bohemio del lugar, que le introduce en la banda prometiendo chicas y dinero.
Y los demás, ya saben: espontánea degeneración…

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