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Anselmo de Piñones

Los Rembetes

LOS REMBETES.  Pero sobre todo el rembético es la canción de los “rembetes” o “mangues” –términos que presentan diferencias de matiz difícilmente definibles. En general se trataba de hombres que vivían según sus propias normas, ajenos a los usos y costumbres de la sociedad de su época. El “rembetis” no contraía matrimonio ni se comprometía de modo alguno con su pareja, odiaba a la policía, holgazaneaba en el trabajo, fumaba hachís, cocaína y la cárcel era un lugar familiar. En fin, todo un ejemplo a seguir. Los mangues vestían conforme a su particular estilo de vida: siempre sin paraguas y con su andar ladeado, lucían pantalón estrecho, zapatos puntiagudos de tacón alto, navaja siempre colgada en el cinturón, la chaqueta enfundada solamente en la manga izquierda y la derecha colgando, con el brazo al aire. A este respecto existe una anécdota de la época del general Ioannis Metaxas, que ordenó a la policía local que a todo aquel que fuera sorprendido de tal guisa se le cortaria la chaqueta por la mitad.   Aparte de su enorme capacidad gestual – propia, por otro lado, de los pueblos mediterráneos – los “rembetes” hacían gala de una jerga propia, relativamente rica en vocablos, que tiene un claro reflejo en sus composiciones, en las que aparecen versos con expresiones ajenas a la lengua popular o a las de la jerga suburbial.

 

   Desde un punto de vista temático la canción rembética se clasifica en diferentes categorías: amorosa, melancólica, de cárcel, de la madre, del hachís de la taberna, de la emigración, de la muerte, etc., aunque naturalmente estos elementos tienden a entremezclarse. De todas formas en más de la mitad de las canciones es el amoroso el asunto predominante.

 

   Es el baile parte indispensable del género: a todas las canciones rembéticas les corresponde o bien el “seimbékiko” o bien el “jasápiko”. El primero lo baila un solo “mangas” con un estilo totalmente personal. Es normal, sin embargo, que se dance con la mirada fija en el suelo y rostro sonriente, casi burlón. Cuando la orquesta interpreta un “seimbékiko”, en la pista baila un solo hombre; el resto, en círculo a su alrededor y rodilla en tierra, bate palmas al ritmo de la danza.                    

 

Si en ese momento se levanta algún otro “mangas” para bailar, comete una gravísima ofensa que se ha de saldar en feroz riña a navajazos. Una mujer que osara danzar este ritmo levantaría un gran escándalo. El “jasápiko”, en cambio, requiere la colaboración de dos “mangues” vinculados por una estrecha amistad, pues es danza que precisa de gran sincronización en todos sus movimientos. El jasápiko rápido, también conocido como “jasaposérbikos”, es un baile galopante y alegre, permitido también a las mujeres.

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